lunes, 25 de agosto de 2008

Nala:

Apreciados compañeros, la verdad hace mucho tiempo que no escribo, debe ser por que este acto de poner en palabras los deseos resulta un ejercicio de balance y reflexión en la vida. Y desde que llegue a este país ese ejercicio es casi cotidiano, sentirse un forastero pisar tierra que no es de uno te hace alejar las certezas y acercar las tan anheladas incertidumbres.

Cuento con la grandísima suerte de encontrarme en la vida con sorpresas tan hermosas como “ustedes” cada uno desde su especial modo de ser me invita a repensarme y aprender de ese encuentro y entenderlo como un tesoro invaluable.

Su corta edad, sus posturas frente a la vida, sus ganas de ser y hacer de la misma lo que desean la verdad me maravilla, chicos gracias por aparecer, el encuentro semanal que sostenemos es para mi un encuentro de lindas emociones que traigo a casa y sigo pensando. Tal vez ese es el mejor regalo, que al terminar nuestro compartir ustedes siguen conmigo, y seguirán conmigo en aquellas narraciones que comparta con mis hijos ustedes serán protagonistas esperando siempre que esos seres tenga un corazón tan bello como el suyo.

Cuando estuvieron viajando los pensé muchísimo ayudándome de la falsa tecnología mande alguno que otro mensaje para que mi presencia se hiciese presente, cuando volvieron y aun hoy en día, me apasiona escuchar todas aquellas historias que me han contado con esa “onda argentina” que me hace sentir bien.

Tal vez por esto empiezo a sentir esta tierra como “propia” finalmente una sola y latinoamericana y entonces siento que este territorio ha permitido en mí un gran crecimiento y entonces de algún modo siento recompensar tan preciado regalo.

Sepan una cosa yo estaré y seguiré estando con ustedes y el resto, siempre que lo necesiten, cuenten con esta mano colombiana para recibir un abrazo, para sumar miles de manos y entre todos construir lo que queremos.

Chicos: fue hermosa esa mochila toba, agradezco tanto que me recordasen en ese impenetrable que de eso no debe tener nada, por que todos volvieron “impregnados” por esa sensibilidad de seguir al lado de ese otro que lucha por lo justo y necesario.


Rodri, en algún momento podré encontrar las palabras para expresarte lo mucho que ha significado para mi con conocerte por ahora solo puedo darte las gracias por aparecer en mi camino vital

Un abrazo para todos….

Vane (La Colombina)

martes, 19 de agosto de 2008

Un mes de acampe toba en Castelli: ¡Qana `anaxachi! (Fuerza hermanos)

(AW) Los tobas pertenecientes a la Organización Toba Qompi (OTQ) llevan más de un mes acampando en la plaza Juan Paredes de la ciudad de Castelli - Chaco. Reclaman la devolución de territorios usurpados por un funcionario y miembro de la CTA. Junto a otros compañeros pudimos compartir casi una semana de su lucha. Lo que sigue intenta narrar parte de la experiencia vivida.



Buenos Aires, 19 de agosto de 2008 (Agencia Walsh).- La leña crepita. Unas chispas escapan de debajo de la olla y vuelan como pequeñas luciérnagas en la fría noche de Castelli, en la puerta del "impenetrable" chaqueño.

El fuego lentamente, desde abajo, muy de abajo, calienta el ennegrecido recipiente.

Sobre troncos tumbados, en silencio, sentados, con las manos estiradas, atraídas por el calor y la magia del fuego; varios adoradores de ese ídolo humeante contemplamos abstraídos.

Rosa revuelve. El vapor escapa de la olla, serpentea y nos inunda.

Elogio el aroma.

Rosa sonríe e instintivamente, como si sintiese vergüenza, tapa su boca con la mano para evitar que se vea lo desdentado de su amplia sonrisa.

Rosa culpable de no tener dientes, de ser mujer, de ser pobre, de ser excluida, de ser segregada. Rosa culpable de ser toba en su tierra, en la puerta del impenetrable chaqueño, se tapa la boca.

Gritos silenciosos estallan en la boca tapada de Rosa.


El Acampe

Gritos silenciosos en la oscura noche chaqueña. Sólo el fogón ilumina y mantiene vivas las brasas hasta el amanecer.

El viento se filtra en la noche y con su helada mano acaricia bajo frazadas y mantas. El viento se filtra en la plaza Juan Paredes; se cuela por las improvisadas paredes de nylón negro, de las improvisadas carpas, de este nada improvisado acampe por la dignidad. Tiemblo. No es por el frío.



Las carpas se recortan en lo negro de la noche como sombras. Tan diferente de un acampe estudiantil. Tan lejano de ese otro acampe realizado hace no mucho en el Congreso, en el que rivalizaron en ostentación empresarios rurales y partidarios del gobierno.



Más de un mes llevan los tobas de la Organización Toba Qompi (OTQ) en esta plaza reclamando la devolución de las tierras usurpadas por el director de Catastro municipal y dirigente de la CTA, Eduardo Riquel. Tierras que el municipio les había otorgado para la construcción de viviendas.



Compartimos con ellos. Participamos del Encuentro Intercultural de Organizaciones en Lucha que se realizó en la plaza el 26 y 27 de julio pasados. Estuvimos junto a los jóvenes solidarios del grupo Nalá (sol en toba) casi una semana, casi una semana en el acampe aprendiendo la dignad de la lucha.



El ghetto de Castelli

Al padre de Félix lo asesinó un colono cuando él tenía sólo 6 años. No hubo motivos. No hubo investigación. No hubo explicación. No hubo preguntas y sobre todo no hubo respuestas para la prematura orfandad de Félix.



Quizás ese fue el motivo por el que Félix se negó a aprender castellano hasta ya entrada la adolescencia. Quizás por eso se convirtió en rebelde antes de saberlo.



Tal vez el asesino de su padre haya cortado rutas recientemente y se haya indignado por las retenciones.



Da gusto charlar con Félix, compartir el mate, la torta a la parrilla calentita y crocante. Este toba robusto y amable tiene la sabiduría de los que saben escuchar. De los que se toman su tiempo antes de hablar. Él nació en el paraje "Pozo del Toro" a 5 leguas de Castelli. Su palabra da cuenta de siglos de segregación que no termina.

Imposible hablar en pasado. Siglos de impunidad dan cuenta de ello.



"La policía nos levanta sin causa" cuenta Ángel López, un muchachito Toba que está terminando la secundaria. Él tuvo más suerte que Solano López, el joven asesinado a golpes por la policía de Miraflores el año pasado. Piensa recibirse de abogado para defender los derechos del aborigen. Ángel es uno de los poquísimos tobas que va terminar la escuela media. Ángel va a la escuela a pesar de los insultos que recibe a diario de muchos docentes y compañeros.



Distribuidos en una docena de barrios, verdaderos ghettos en los que la falta de trabajo y de comida, la tuberculosis, el clientelismo político y la marginación hacen estragos, están los que han sido desplazados del monte en el que vivieron durante siglos. Gran mérito del capitalismo que destruyó miles de hectáreas y de vidas en su sed insaciable de "Oro Blanco" (Algodón). Mientras en los barrios no hay red de agua potable (alrededor de 150 canillas públicas proveen de agua a todos los barrios) y casi nula atención médica, sobre todo en la zonas rurales donde todo empeora.



En la ciudad de Castelli, sólo en la zona urbana, viven (según datos proporcionados por el intendente Leonardo Yulán) alrededor de seis mil tobas. La cifra crece si se tienen en cuenta los habitantes de los parajes rurales como Pampa Argentina; EL Colchón; Porta Negra; Pozo del Toro y el Zanjón.



Discriminados hasta la muerte

"Nosotros estamos discriminados hasta la muerte" afirma Jacinto.

Charlamos mientras pintamos. Pintamos junto a los pibes de Nalá el comedor que la OTQ tiene en el barrio Chacra 108.

"Cuando fallece un indígena, una abuela o un abuelo", prosigue Jacinto, "no existe el coche fúnebre para los tobas. Sólo existe el camión basurero. Ese camión cumple con la tarea de llevar al pobre indio al cementerio. Esto ya se lo planteamos al gobernador." La indignación que anuda la garganta convierte la mano de Jacinto en puño apretado. El pincel se agita y salpica. Nos reímos.



Nalá termina el mural en el comedor. La imagen del "Che" junto a un toba y una toba aparecen como un símbolo, como custodios de dignidad en una de las paredes. ¡Qana ánaxachi yaqaga! (fuerza Hermanos) anima y encabeza el mural sobre las paredes. Qana ánaxachi, preside como grito de guerra, cada marcha que OTQ realiza en Castelli, cada acto de los tobas.



Jacinto perdió a su padre cuando tenía 3 años. Jacinto perdió a su padre el 12 de octubre de 1973. Un motivo más para repudiar la fecha. El padre de Jacinto murió de tuberculosis, lo mismo que su hermana y un sobrino. A Jacinto le sobran motivos y motivaciones para la lucha.

Jacinto sonríe junto a la imagen del "Che". Él quería tenerlo en el comedor.



De Napalpí a OTQ

En 1924 estalló una protesta indígena en los campos algodoneros del centro chaqueño. Los reclamos giraban en torno de mejores condiciones de trabajo, pago en moneda y no en "vales", y la defensa de sus tierras, permanentemente invadidas por "el blanco".



El afán por incorporar al Chaco al país y este al sistema capitalista mundial, había animado hacia fines del siglo XIX, al presidente genocida y "conquistador del desierto", Julio A. Roca y a toda la generación del `80 a avanzar militarmente sobre territorio chaqueño. El afán de lucro, el de hacer buenos negocios no respetó el monte y mucho menos sus habitantes.

Los tobas estaban siendo desplazados y avasallados no sin resistencia. El 5 de mayo de 1883, los aborígenes liderados por el Cacique Huaneraxai presentaron batalla en el monte de Napalpí. Fueron derrotados. Los pueblos originarios derrotados fueron confinados poco a poco en reducciones.

Las reducciones fueron una forma de disciplinamiento en la que los españoles (y luego los criollos) agruparon a habitantes nativos del lugar para poder así evangelizarlos y explotarlos en la producción agrícola y manufacturera.



La reducción de Napalpí fue en 1924 el epicentro de la primera y única huelga agraria aborigen en el nordeste argentino. La huelga, absolutamente pacífica, fue ahogada en sangre.

El 19 de julio de 1924 por orden del Gobernador Fernando Centeno, el comisario de Resistencia, Saénz Loza comenzó la represión. Sin mediar aviso alguno, dispararon más de 5.000 cartuchos en menos de dos horas. Mataron a todos los que pudieron. Cuando se quedaron sin municiones, a los muertos y a los heridos los degollaron a sablazos. Como trofeos de guerra, les cortaron a machetazos las orejas (siguiendo la costumbre contra los indígenas de la Patagonia), los testículos y penes a los hombres, los pechos a las mujeres. Aún vivos, también a machetazos, "caparon" al líder de la huelga que se había entregado momentos antes prisionero, el Cacique Pedro Maidana. Luego lo "empalaron" conjuntamente con sus dos hijos José y Marcelino, y varios de los otros líderes de la huelga de otras comunidades aborígenes. La persecución continuó durante meses porque había orden de no dejar testigos.



La masacre de Napalpí sigue viva en los recuerdos de los tobas a través del relato oral de los ancianos y de su única sobreviviente: la anciana de 107 años, Melitona Enrique.

Gritos silenciosos de dolor estallan en los pechos tobas. Gritos que reclaman justicia y dignidad. Gritos que reniegan del clientelismo y de las dádivas del sistema. La Organización Toba Qompi (OTQ), hace honor y representa con su lucha, la continuidad de la lucha de los pueblos originarios, la de los mártires de Napalpí.



OTQ en marcha

La mañana en el acampe se presenta particularmente fría. El sol apenas asomado, horizontal, se refleja en los bordes metálicos del redoblante. Los sonidos pugnan por salir del instrumento.



Los chicos de Nalá pensaron un desayuno especial: pochoclo para todos. El maíz pisingallo estalla en la olla sobre el fogón, como el entusiasmo en el campamento.

Banderas se despliegan. Redoblantes, bombos y pitos ensayan su canto de dignidad. Esta semana fueron tres las marchas que OTQ realizó a la fiscalía, a la municipalidad y al juzgado exigiendo la devolución de sus territorios.



La Organización Toba Qompi (OTQ) pertenece al Movimiento Argentina Rebelde (MAR). Se formó hace 4 años cuando el pueblo toba comprobó que la única forma de mejorar su situación era la lucha. Cuando le dijeron no a las limosnas y al clientelismo.

Generaron algunos emprendimientos para no depender del estado. Para forjar una economía solidaria, de autosustento. Hoy tienen un microemprendimiento con 3 hornos para hacer ladrillos y un proyecto de comercialización de sus artesanías.



"Nosotros reclamamos nuestros derechos porque somos discriminados" sostiene Ana Farías "Soy una mujer luchadora. En enero varias nos sumamos a OTQ. Conocemos su lucha y la organización vale mucho". Ana tiene una hermosa y potente voz. Con su canto de esperanza anima a hermanos y hermanas.



Marchamos por las calles de Castelli. Pasamontañas improvisados cubren algunos de los rostros invisibles de los tobas. Conocen la lucha zapatista y saben que se tapan para hacerse visibles ante la sociedad. Transeúntes azorados tal vez se pregunten como es que los porteños participamos del reclamo toba. Cómo es que marchamos junto a ellos.

Los poderosos, escondidos en sus "cuevas" están alerta:

'Alerta, alerta que camina la lucha de los tobas por América Latina" resuena hasta el impenetrable.

¡¡Qana ánaxachi!! Es, sin embargo, la consigna más gritada.

"La lucha de nosotros es durísima. Hay personas que se hacen los luchadores pero a los pocos días se salen del campamento. Nosotros estamos acostumbrados porque hace años que sufrimos" advierte Jacinto. No hay forma de contradecirlo.



Frente a la fiscalía, Felix, convertido en orador reclama voltear el monumento de Sarmiento, "de ese asesino de indios", de la plaza principal. Aplaudimos con fervor.



La miro a Rosa. Está seria. Busco una mirada cómplice y le digo con una pronunciación toba que juzgo inentendible: ¡Qana ánaxachi!

Rosa adivina mi intención y sonríe.



Rodolfo Grinberg

martes, 12 de agosto de 2008

Experiencias durante nuestro viaje



Bueno, acá, en mi calidad de subregente anexo de la oficina ejecutiva adjunta de Nalá, me toca comentar un poco nuestra reciente experiencia en Chaco. Nalá es un grupo formado con el objetivo de llevar a cabo actividades realmente solidarias, donde priman el intercambio y el contacto humano, además de la ayuda material que intentamos e intentaremos arrimar a aquellos hermanos que estén necesitados, buscamos respetar la cultura y la identidad de aquellos con quienes nos vinculamos, para aprender de ella, así com intentamos transmitir nuestros mejores hábitos(o los que creemos que lo son). Esencialmente, creo que ya de vuelta en casa, lo que más me enorgullece es haber atravesado una gran franja de este mar de tierra, soja, vacas ajenas y políticos corruptos que es la llanura chacopampeana para solidarizarme, no con la lucha, si no con la vida de los hermanos Tobas. Gracias a toda la gente que participó del plenario en Castelli, el trabajo llevado a cabo adquiere una proyección más larga y potencialidades más significativas. El mes pasado todos unimos nuestras voces para denunciar la criminal estafa sufrida por los Tobas, quienes mediante la lucha lograron un espacio para sus viviendas, finalmente ocupado de manera ilegal por la CTA, con el respaldo del estado municipal. Nuestra acción no acaba ahí. En Octubre nos reuniremos para repudiar la memoria de los conquistadores. Estrechar vínculos solidarios verdaderos es siempre un logro significativo. Sólo pueden lograrse cuando están dadas ciertas condiciones fundamentales, y llenar estas condiciones ya es un logro importante, y es un paso fundamental de la revolución, probablemente el más importante. Creo que aún nos falta crecer y profundizar la solidaridad, seguramente siempre vamos a ser imperfectos en ese sentido, pero en definitiva, con este viaje dimos un paso fuerte en esa dirección, cortamos las cadenas del barco y abrimos las velas. Ya veremos hasta dónde logramos navegar.

sábado, 3 de mayo de 2008


El 19 de julio de 1924, Tobas y Mocovies realizaron la primera huelga de peones rurales aborígenes del entonces Territorio Nacional del Chaco: se negaron a cosechar el algodón por las condiciones en las que vivían y la falta de pago. Como reacción a esto, el Estado aplastó la huelga, masacrando a 200 aborígenes (mujeres, hombres, ancianos, niños ...)

Fragmentos de una entrevista realizada por Pedro Jorge Solans a Melitona Enrique, una sobreviviente que con 23 años logró escapar con su madre y un tío de la masacre.

Melitona Enrique en su lengua qom recordó, cómo eran sus días en los tiem­pos donde la industria textil inglesa veía a la llanura chaqueña como fuente primordial de su materia prima: El algodón.

"En época de cosecha nos levantábamos cuando el sol aún no estaba. En procesión caminábamos hacia el algodonal, íbamos todos: Abuelos, padres e hijos. Parecíamos parte ya de las plantaciones. Estábamos todo el día.".

(...)
La jornada de cosecha empezaba en los surcos y las caminatas no se detení­an. Iban y venían con las bolsas que se llenaban para empezar otras; y así, hasta el mediodía, cuando unos fideos en guiso flaco o una sopa de caracú mataban el ayuno. Se comía rápido para volver a la cosecha. El algodonal se mostraba inmutable y no ofrecía compasión hasta que el atardecer los salva­ba del agotamiento. En fila, bastante desorganizada, se volvía a las casas. A veces, un mate cosido era el manjar de la noche. A veces, una galleta. A ve­ces nada. Y después a dormir, para volver a empezar...

Hasta que la injusticia se hizo insoportable: Pagos en vales, descuentos arbi­trarios, prohibiciones para salir de la Provincia, prohibiciones para cazar y hasta detenciones provocadas para justificar más saqueos. Todo sumó para que los caciques y los chamanes llamasen a las tribus a no cosechar más. Entonces se concentraron en sus tolderías para volver a su vida nómada. A ca­zar y recolectar frutos para comer cuando las tropas del gobernador Centeno quiso dar un escarmiento a la poblaciones de nativos. Más de un centenar de policías y gendarmes asaltó a balazos, con ayuda de un aeroplano, las indefensas tolderías de Napalpí.

Napalpí no fue una matanza aislada. Era una práctica recu­rrente del poder político alentado por los terratenientes que usaron la mano de obra policial o militar para quedarse con tierras y privar a los nativos de sus costumbres ancestrales con el fin de incluirles como fuerza laboral barata o, en su defec­to, gratuita, al sistema de producción capitalista.

¿Melitona cómo se escapó de la masacre?

- Era una mañana muy temprano. Sábado creo. Hubo una fiesta la noche anterior. Estábamos en las tolderías cuando desde un aparato que volaba empezaron a bombardear. Y de repente, llegaron a caballo y corriendo a los tiros. El aparato seguía dando vuelta por el cielo. Salimos a ver y cuando nos dimos cuenta que nos querían matar, mi madre, un tío y yo salimos corriendo para el monte junto a otras familias. Yo me caí y mi tío me arrastró un largo trecho entre los pastizales y las espi­nas me dejaron casi desnuda y toda raspada. Pasamos dos días escondidos sin comida y sin agua hasta que mi tío encontró a otro aborigen que nos llevó hasta El Aguará, donde había una casa donde el cacique Macha (Juan Machado) -quien también pudo escaparse- refugiaba a los que escaparon. Después nos protegió un tal Segundo.

¿Se escaparon muchos?

- Sí; muchos se fueron para el monte. Pero nos persiguieron y a varios que estaban heridos, escondidos, cuando los encontra­ban los mataban. Los cadáveres quedaban tirados y nos dába­mos cuenta cuando revoloteaban los cuervos y las aves de ra­piñas. Otros, como un primo mío, que le decíamos Arangué, se volvió loco y se lastimaba pegando cabezazos a los árboles. El griterío, las corridas, el dolor, los tiros y las muecas de los policiales embravecidos impresionaba. Arangué vio como de­gollaban a su madre y sus hermanos.

¿Sabe por qué le hicieron eso. Por qué los vinieron a matar?

- No sé muy bien. Pienso que no había motivos. Nosotros no te­níamos culpa de nada, Habíamos estado de fiesta porque pare­cía que se arreglaba con los administradores de la Reducción donde nosotros cosechábamos... Y vinieron a bombardear.

Pasaron varios años y, en una oportunidad, yo le pregunté a quien fue mi esposo, Dalmacio Irigoyen, y según él se amon­tonaron para reclamar porque el pago era muy poco en el obraje. No le pagaban nada el poste, la leña; y en la campaña de la cosecha del algodón no le pagaban con dinero y le hací­an mucho descuentos. Le pagaban con mercadería y había que hacer olla grande. Por eso, se reunieron y le reclamaron a los administradores, a los patrones, y se enojaron.

¿Sabe por qué le hicieron eso. Por qué los vinieron a matar?

- No sé muy bien. Pienso que no había motivos. Nosotros no te­níamos culpa de nada, Habíamos estado de fiesta porque pare­cía que se arreglaba con los administradores de la Reducción donde nosotros cosechábamos... Y vinieron a bombardear.

Pasaron varios años y, en una oportunidad, yo le pregunté a quien fue mi esposo, Dalmacio Irigoyen, y según él se amon­tonaron para reclamar porque el pago era muy poco en el obraje. No le pagaban nada el poste, la leña; y en la campaña de la cosecha del algodón no le pagaban con dinero y le hací­an mucho descuentos. Le pagaban con mercadería y había que hacer olla grande. Por eso, se reunieron y le reclamaron a los administradores, a los patrones, y se enojaron.

¿Los aborígenes tiraron. Se defendieron?

- Nuestros hombres no tenían armas de fuego. Sólo machete, pero igual nos bombardearon. Éramos cerca de mil aborígenes y mu­rieron varones, mujeres, viejos, viejas, niños; la mayoría niños...
La masacre se produjo en Nápalpí y después el lugar se llamó la Matanza. Nápalpí, en lengua qom, significa "muchos muertos"

¿Hubo malones?

- No nunca hubo malones. Nos querían sacar las tierras. Eliminar a todos los aborígenes y meter gente criolla, gringos...

Así decían nuestros caciques.

Yo conocí a los caciques Macha (Juan Machado) y Llishaxaic (Dionisio Gómez), que juntos-al mocoví Yachazanaxuaik (Pedro Maidana) lideraron la huelga. Al mocoví le cortaron el cuerpo y las orejas eran mostradas a los colonos como trofeo.

¿Vinieron policías o representantes del gobierno a inti­marlos, a pedirles que vuelvan a cosechar?

- No; ninguno. Nadie vino avisar nada, menos que estaban por combatir.

¿Presentían que los policías iban a atacar?

- No. Mucha gente estaba durmiendo esa mañana; o sea, que nosotros seguíamos esperando la promesa que habían hecho el administrador y el capataz. Nos iban a dar más beneficios.

¿Después de todo lo qué pasó, por qué se callaron. Nunca hablaron?

Nadie averiguó nada por miedo. No se quiso reclamar ni de­nunciar porque teníamos miedo a que nos matasen. Napalpí, la policía, los gendarmes nos siguen dando miedo. En nos­otros quedó una gran desconfianza. Muchos se fueron a otros lugares. Hay aborígenes que llegaron hasta Buenos Aires.

¿Cómo está su salud ahora?

Cumplí 106 años el pasado 16 de enero. Las piernas casi no me responden, parece que tengo reumatismo. Cuando el día está lindo, mis hijos, me llevan afuera para que camine un po­co y para que vea el campo.

¿En qué estado está su demanda?

El cielorraso de la casa es una frazada para frenar los rayos abrasadores del sol.
Esperemos que nos paguen pronto, porque necesito, por lo menos, para una casita como la gente. Tengo doce hijos y quiero que, aunque sea ellos, se beneficien con la indemniza­ción por la masacre. Ellos quieren trabajar en agricultura co­mo aborígenes. No somos malos. Los blancos nos quieren eli­minar; y no sé por qué, sí todos somos iguales.

viernes, 4 de abril de 2008

jueves, 15 de noviembre de 2007